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Para partirse la Christmas

Unos cuantos amigos en un viaje australiano y el estupendo video de Matt Harding (el hombre que viaja a través del mundo bailando simpáticamente, la típica cosa que solo puede pasar en América) me han animado a retomar el blog. No he escrito por un lado por estar un poco en blanco y por otro porque aún estoy pensando si esto del blog merece la pena. Quizás es que no se posicionarme en los buscadores, pero las visitas no compensan al menos de momento el esfuerzo.

A lo que iba, hoy hablaré de la Christmas Island. Situada a unos 500 km de Indonesia al sur y a unos 2600 km al noroeste de Perth (Australia oeste), esta isla australiana es un serio candidato para la lista de los sitios que nunca visitarás. Se puede acceder desde sitios tan improbables como Honolulu o Perth mismo. Si para ir de Sydney a Perth ya tienes un vuelo cada 4 o 5 días, de ahí a la isla son aún más escasos los vuelos. Es una locura, pero quien llegue a ese rincón perdido del mundo seguramente halle recompensa.

Fue descubierta el día de Navidad de 1643 por los ingleses y en la actualidad cuenta con tan solo 1500 habitantes, 70% de ellos chinos y con el budismo como religión imperante. Tiene una extensión de 135 km^2, 2/3 de ellos son parque natural. En ellos podemos ver pajaritos que costará encontrar en ningún otro lado. Pero lo que de verdad merece la pena de esta isla es su población de cangrejos rojos, que deja en ridículo a las películas de Indiana Jones. Aquí podrás pasar las vacaciones más curiosas de tu vida o las más desagradables, o por qué no, ambas cosas.

Estas criaturas pueden medir unos 11 cm. Hasta principios del siglo pasado (1900-1908 ) había una raza de ratas (Maclear, llamadas así por el capitán de barco que las descubrió) en la isla que les mantenía a raya. Se extinguieron por la acción del hombre. Según parece la población de Maclears era agobiante y estaban en todos lados. Así que se trajo como remedio otra especie de rata competitiva. Pero como el remedio es peor que la enfermedad ahora viven atestados de cangrejos rojos. En concreto cada año en noviembre (verano) migran de un lado de la isla a otro a través de la ciudad 150 millones de cangrejos para reproducirse. La reproducción hace que las calles se inunden literalmente de cagrejos. En la página web de la isla te recomiendan la visita durante la migración…. pero no se….. a alguien le apetece enfrentarse a esto?

Por suerte (o no) para los habitantes, se está viendo un descenso de la población cangrejil, se los están comiendo unas hormigas amarillas asesinas expulsadoras de ácido fórmico que forman colonias de hasta 1000 por metro cuadrado (y eso serian extendiendolo a toda la isla, aunque sea un calculo muy fantasioso, 135.000 millones). Deja al pobre cangrejo ciego al instante y a los 2 dias muere echando espuma por la boca. Así que quizás en unos años el paisaje de la isla no sea rojo sino amarillo. En cualquier caso, hay que verlo!

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No pegues a los animales

Érase un animal que vivía en las cavernas. Una de sus necesidades vitales era el alimento, que le permitía convertir a otros seres vivos en energía. Tal era el milagro de su cuerpo como máquina. Tal era la primariedad de sus intenciones.

Pasaron los años (miles, millones) y fué ampliando su inventario, aprendiendo nuevas técnicas y utilizaba todo lo que le había sido dado por medio de la naturaleza. Y lo hacía bien. Había sido dotado de un don que le hacía destacar sobre el resto de sus compañeros: un intelecto superior. Podía decidir sobre su propio comportamiento y podía evaluarlo. Tener tal poder sobre su entorno implicaba una serie de responsabilidades, tantas como ventajas. Ante estos nuevos elementos surgió una infinita gama de actitudes, la moralidad.

En un principio había sido plenamente consciente de su lugar en la naturaleza, de su pertenencia a ella. Los únicos motivos para acabar con otro especímen eran la necesidad y el miedo. Pero el colofón de su magnificencia, su libertad, le llevaba a ser capaz de alcanzar las mayores alturas y de enterrarse en la más profunda de las bajezas. Y mientras un día había estado en plena sintonía con lo que con él había venido al mundo, un día sin más, decidió que despreciarlo, y no por necesidad, sino por la oscura satisfacción de poder hacer cualquier cosa sobre el que se encuentra por debajo en la jerarquía y, por lo tanto, hacerlo.

Cazar por ocio no tiene gracia. Maltratar a tu perro no tiene gracia. Las corridas de toros no tienen gracia. Tirar piedras a un gato no tiene gracia. Arrancarle la piel a un animal mientras aún vive, no tiene gracia. Es negar tu propia naturaleza animal, es torturar a un ser que tiene una parte común contigo. Sufre como tú, sufre más que tú. Un cáncer se supera con la fé y con las ganas de vivir. Un brazo roto es llevadero porque sabes el día que el dolor terminará. Una operación de estómago merece la pena porque te ayuda a seguir viviendo. Un animal no tiene creencias, calendario ni metas mas allá de lo que está ocurriendo en ese momento. No tienen planes ni estrategias. Ante el sufrimiento les envuelve la niebla del desconcierto. No hay puntos de referencia ni direcciones ni sentidos, simplemente saben que están ahí, siendo sometidos a un dolor insufrible.

El sadismo sobre cualquier ser vivo, es una clara falta de responsabilidad. Es un mal uso de lo mejor de nosotros.

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