Alguien podría pensar que lo normal al caer de un avión en marcha (¿Es que eso es normal?) es matarse. Vale, ese alguien tendría razón, pero existen casos de gente que ha caído de aviones y ha sobrevivido a tal aventura espeluznante. Basta poner de ejemplo a la azafata Vesna Vulovic, que sobrevivió a una caída de 10.000 m, o el sargento Nicholas Alkemade, que saltó desde un bombardero a 5500 m y aterrizó primero sobre pinos y luego sobre nieve. El resultado fué un tobillo torcido.
Esto no pasa a diario, pero entra dentro de lo posible (y la prueba es que ha ocurrido). Sucesos como este se los debemos a la velocidad límite. Esta es la velocidad máxima a la se mueve un cuerpo a través de un fluído y al que se le está aplicando una fuerza constante. El aire es un fluído, como el agua, aunque mucho menos denso y por eso lo ignoramos mientras no haya viento. Pero ahí está.
Cualquier cuerpo dentro de un fluído sufre una fuerza de resistencia al movimiento que es directamente proporcional a la velocidad y el área de exposición. Por eso un coche para ser más rápido tiene que ser o más potente o más aerodinámico (exponer menos área en la dirección del movimiento). La fuerza de la gravedad va haciendo que algo que cae gane velocidad. A su vez la velocidad de movimiento a través del aire provoca cada vez más fuerza en sentido opuesto al movimiento. Llega un momento en el que las dos fuerzas son iguales y su fuerza resultante es nula, y por lo tanto, la velocidad de caída, constante.
Para una persona media se calcula la peor caída que puede tener es desde unos 50 pisos de altura. A partir de ahí uno puede saltar desde el Himalaya si le place, no se va a matar más que si salta desde la Torre Eiffel. A esas alturas llegaremos al suelo a una velocidad de unos 55-60 m/s (195/215 km/h). Un paracaidista en cambio no cae a más de 5 m/s (18 km/h). Para que os hagais una idea de lo que esto supone, en MRUA, V= at. Siendo en este caso V=5m/s, a=9.8 m/s, entonces t = 0,51 s de caída, o lo que es lo mismo una caida desde X = 1/2 a t^2 = 1,27 metros. Un paracaidista llega al suelo como mucho como si saltara desde unos 1,27 metros. Claro, por eso lo llaman paracaídas.
Una pelota de ping pong por ejemplo se le estiman 9 m/s (32 km/h) de velocidad máxima. Por muy oriental que sea uno, la pelota no va más rápido. Recorre la mesa reglamentaria en un mínimo de 0,3 segundos.
La moraleja supongo que es que no tengais miedo a las alturas, porque a partir de X pisos no te va a doler más, y en cualquier caso lo más corriente es que a partir de 5 ni te llegue a doler la caída. O quizás no haya moraleja. Descúbrelo.