Archivos para Diciembre, 2008

El número de Dunbar

150. Es el número máximo de personas con las que uno puede mantener relaciones “válidas”, según sostiene el antropólogo inglés Robin Dunbar. De acuerdo con su teoría, este número varía en cada persona, siendo proporcional al tamaño del neocortex (la variación es pequeña), pero en general son unas 150 personas las que podemos mantener en nuestro círculo. Define una relación como el saber quien es alguien y como se relaciona (o no) con las demás personas del grupo. Durante nuestra vida podemos dejar salir gente del círculo para que otros ocupen su lugar. Esta salida empezará a ser “forzosa” a partir del número de Dunbar: Por las nuevas relaciones, nos distanciaremos de las antiguas y dejaremos de llamarlas o reunirnos con ellas.

Existen también teorías relacionadas con este número en el campo del periodismo. Si un periódico o informativo no cuenta cosas relacionadas conmigo o con alguno de mis 150 amigos, es que ese periódico no es para mí, compraré otro. Así, para tener una publicación atractiva, por muy enfocada a noticias internacionales que quiera ser, deberá llevar una parte local para que la gente la sienta un poco suya. Sí, hay revistas impersonales y herméticas como The Economist o Time, pero no se suelen leer por atracción, sino por estar informados. Esta claro que una información de gran calidad o especifica se acabará vendiendo sola en los círculos que se necesiten. Las revistas técnicas tampoco son atractivas y también se venden. Aquí de lo que hablamos es de medios de masas: si quieres vender, tienes que hablar de algo cercano, si no la gente lo rechaza.

De cualquier modo se confirma algo que todos sabíamos: tener 500 amigos en el facebook o linkedin significa solamente que has agregado a demasiada gente. No es necesario sentirse contacto de todo el mundo, y profesionalmente no tiene sentido el hacer contactos “por si acaso”. No sirve de nada tener el número personal de un fontanero con el que no tienes relación si tienes la misma confianza con él que con el fontanero de las páginas amarillas. Por eso no soy muy de grandes fiestas, te presentan a mucha gente, con la que seguramente solo vas a intercambiar el saludo, quizás una serie de conversaciones anodinas y casuales, ¿que te aporta eso personalmente? ¿No es mas practico conocer mas a los que ya conocemos? Eso lo sabemos de chavales, recuerdo de pequeño con los cromos el salir a la búsqueda del que me faltaba, cuando acababas un album era para enmarcarlo casi. También puedo recordar algún compañero de clase mimado al que le compraban todo, tenía todas las colecciones, pero no tenía ningún tesoro. Así que él tenía más dinero, pero yo era más rico.

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A toda mecha!

Velocidades de vértigo, reflejos imposibles, precisión y exactitud….. es lo que muchos ven en las carreras de coches. Yo las miro y me pregunto….. ¿esto que tiene de interesante? Confieso que me pasa con cualquier deporte, pero en especial con los que incluyan repeticiones uuuuuna y ooootra vez de lo mismo, como el esqui, las motos o la F1.

Aunque no comparta el entusiasmo que despiertan, sí que es cierto que las carreras de coches tienen casi tanta historia como el coche mismo. La primera carrera de vehículos sin caballos tuvo lugar en 1894, entre París y Rouen, solo 4 años después de que la primera marca apareciera en París. Montados algunos en vehículos impulsados a vapor con motores de 20 CV y otros en los nuevos coches con motor de gasolina de 3.5 CV recién inventados por Daimler, se alcanzaba en esta competición velocidades máximas de 22 km/h. El recorrido no era de más de 127 km. El conde de Dion acabó el primero en 6 horas 48 minutos hoy cualquiera de nosotros lo hacemos en una hora en la autopista.

El ganador tenía un aspecto como este….

Imagen de cochazo

Imagen de cochazo

….vehículo descapotable y elegante.

Un año después, se formó entre París y Burdeos lo que hoy en día entendemos como una carrera. En 1895 todos los participantes ya usaban motores de gasolina, llevando el ganador una velocidad media de 25 km/h, ya fuera porque las carreteras no estuvieran lo que se dice asfaltadas o porque (probablemente) los coches no daban más de sí. Este circuito tenía 1192 km, con lo que para recorrerlos a velocidad de ganador se necesitarían 1192/25 = 47,7 horas de conducción. ¡Eso sí es una carrera! Hay que pensar además en las complicaciones técnicas que sufrirían los vehículos, en el consumo de combustible (¿donde encuentro una gasolinera en 1895? ¿cuánto combustible despilfarraría un cacharro de esos?). Los premios llegaban hasta 30.000 francos (4500 euros), seguramente una fortuna para entonces.

Si llamamos carrera a algo más genérico, en realidad a la primera carrera de todas solo se presentó un único corredor, lo cual no la hizo muy emocionante. El recorrido discurría entre Paris y Versalles, en 1887, solo 2 años después de que Benz inventara el coche de gasolina. Su rudimentario modelo, por cierto, ya contaba con elementos tan visionarios como el arranque eléctrico, la refrigeración por agua o las marchas. Al año siguiente se consiguió que la carrera tuviera 2 competidores, lo cual multiplica por infinito la emoción, sin hacerla aun así demasiado grande.

La ingeniería empezó a avanzar a pasos agigantados: para 1900 había coches que llevaban una media de 62 flamantes kilómetros por hora. Así continuó durante el resto del siglo, y luego del siglo siguiente, hasta la actualidad, que pueden llegar a sobrepasar los 400 km/h. Pero no todo es velocidad, en 2009 se llevará a cabo la primera carrera de coches de hidrógeno, y algunos vehículos eléctricos ya pasan de 0 a 100 en 3 segundos.

La ingeniería nunca duerme, yo tampoco

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