Hoy he visto…. Pozos de ambición

Si fuera productor, a partir de 2 horas de duración regularía seriamente la necesidad de tanto metraje en las películas de mi estudio. En la que hoy nos concierne, la duración podría ser fácilmente 20 minutos menos, recortando de aquí y allá. Y eso es todo lo malo que se puede decir de la película

Comparada con cierta frecuencia con Ciudadano Kane, Pozos de ambición nos cuenta como nuestro odioso protagonista emprende un viaje hacia la cima del poder al tiempo que baja por la abrupta ladera de la moralidad. Daniel Plainview (Day Lewis) es un personaje apático y contradictorio, que anuncia la salvación para su riqueza personal y que se deshace de sus competidores con su ira incontenible.

De forma paralela tenemos al joven predicador Eli Sunday (un estupendo Paul Dano, el chico de pequeña miss sunshine) que, desde la religión, persigue los mismos objetivos, aunque de forma más pacífica. Ambos quieren controlar su comunidad y el choque de egos es inevitable.

De esta forma Paul Thomas Anderson, una de las mejores promesas juveniles del momento, nos hace reflexionar sobre algunos de los pilares de la sociedad americana (¿y poco a poco mundial?). Hay pocas cosas en américa tan socialmente bien vistas como el hombre que nació en un pueblo de Kentucky en el seno de una familia pobre, trabajó recogiendo tomates desde los 12 años, a los 20 consiguió abrir su tienda y 20 años después controla un negocio de varios miles de millones. Esto es, el hombre “hecho a sí mismo”. Aquí se refleja como uno de los cimientos del país, de como se ha ido construyedo. Pero no con una imagen positiva. América, como tantos otros países, o mejor dicho, como el propio ser humano, ha ganado mucho de lo que tiene a base de falta de moralidad. A los indios nativos americanos no se les invitó amablemente a abandonar sus tierras. Los negros fueron tratados como animales durante años y años. Incluso en las oficinas modernas muchas veces hay que pisar al de al lado para destacar. El hombre hecho a sí mismo como figura poética es un engaño, y así lo ha querido retratar el director. Por otro lado centra su atención en la religión, el poder y la familia, tres bases de la sociedad, las tres aparentes y usadas a conveniencia.

La dirección es magistral. La banda sonora es polémica (de uno de los de Radiohead), pero a mí me parece que encaja perfectamente con el tono desquiciado de la película. Porque es una película rara pero fascinante a la vez. Las actuaciones aunque rocen la sobreactuación están formidables. Tanto Dano como, especialmente Lewis, saben mantener al espectador entusiasmado con su sola presencia, teniendo juntos al menos un par de escenas memorables. El final dará que hablar

Un 8,75

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